Guadalupe Joya, la doctora que comenzó como afanadora del hospital

Monitoreo Nacional

Joya-1Hasta 1996 Guadalupe Joya tenía 23 años de edad, el tercer año de secundaria aprobado, dos bebés recién nacidos, su papá muerto, un hermano lisiado de guerra, una casa de plástico y la incertidumbre de que no iba a comer al día siguiente.

El primer trabajo que pudo encontrar fue de aseadora del Hospital Alemán Nicaragüense, en Managua. Con la escoba en las manos, mientras miraba las cirugías, recordaba que de niña jugaba a ser médico con los vecinos del barrio donde su mamá consiguió un terreno después de andar morando en varios lugares.

“Yo cuidé a mi papá en su lecho de muerte. Por eso me decía ‘mi doctorcito’ y eso nunca lo olvidé. Era mi sueño y también de mi padre que me convirtiera en doctora”, dice Joya.

Hoy llega al barrio Memorial Sandino a visitar a sus hijos. Viene desde Nandaime donde vive con un señor con el que se casó hace tres años. Usa un faldón negro y una blusa a rayas. La fachada de la casa, donde vivía hasta hace tres años, es de zinc, hay un patio delantero y al fondo se ve la construcción de bloque sin repellar.

Antes de tomarse las fotos para el periódico, comienza a planchar su traje de médico. Pregunta qué color de camisa puede llevar por dentro, mientras limpia el bordado de la bata blanca: “Dra. Joya”. “Ese sueño (convertirse en médico) nunca lo olvidé. Lo traía desde chiquita y de joven. Yo siempre quería ser médico”.

El 28 de febrero de 2018, a los 45 años de edad, terminó sus estudios de Medicina en la Universidad Nacional Autónoma de Managua. La nota de su monografía fue de 90 puntos, una de la más alta de la generación de estudiantes que aprobó este año.

Enfermería

Joya3-192x300Su sueño empezó a convertirse en realidad cuando, en 2002, le dieron una beca de Enfermería para estudiar en la Universidad Politécnica de Nicaragua. Estudiaba durante el día y trabajaba en el hospital toda la noche y los fines de semana para completar su horario laboral.

Desde ese tiempo, a los 29 años de edad, abandonó los lampazos para trabajar en enfermería. Joya se graduó como licenciada con un promedio de 96 puntos. “Entre las mismas enfermeras me discriminaban porque decían: “¿Cómo una de limpieza va a llegar a ser enfermera”, dice.

Con las calificaciones de Enfermería solicitó ingresar a la carrera de Medicina en 2008. Dejó sus papeles y meses después estaba en la sala de cirugía cuando la llegaron a buscar.

—Joyita, tiene una llamada de la UNAN-Managua –le dijo una doctora.

A Joya le latía el corazón mientras escuchaba que la estaban invitando a que llegara a ver a los calificados en las carreras de 2008, cuando aplicó. La señora, entonces de 35 años de edad, llegó al recinto. Miró a su alrededor a varios muchachos llorar de alegría y tristeza.

—¿Anda buscando a su hijo –le preguntaron en varias oportunidades. Joya negaba esa conjetura hasta que se halló en el primer lugar de la lista de aceptados de la carrera de Medicina.

Cuando miró su nombre no lo podía creer. Al verla sonreír, varios de los muchachos le preguntaron:

—¿Encontró a su hijo?

Servicio social

El próximo 2 de abril Guadalupe Joya va a empezar sus dos años de Servicio Social como médico. Ella está entusiasmada por empezar, pero desearía que se le garantizara una plaza fija como médico en algún hospital, tras los más de 20 años experiencia que tiene de trabajar para el Minsa.

Quisiera seguir estudiando una residencia hospitalaria o Diabetología. Su plan a largo plazo es ser dueña de una clínica propia que esté ubicada en una zona rural del país. “Quiero trabajar con la gente bien vulnerable”, dice Joya.

Sin dinero

Guadalupe Joya es morena, ojos pequeños y expresivos. Es baja pero ancha. Dice que el sobrepeso que tiene es producto de todos los carbohidratos y grasas que comió en la universidad.

“A veces no comía. A veces, con otros compañeros, ajustábamos para comer lo que sea. Cuando teníamos dinero lo que comíamos era comida chatarra, la comida más barata que había”, dice Joya. “Muchas veces aguanté hambre y es por eso que tengo gastritis”.

Sus antiguas compañeras de limpiezas fueron las que desde el primer momento la apoyaron. Cada día de pago juntaban un poco de dinero para regalárselo y de esta manera pudiera completar para sus estudios. “Yo tengo mucha deuda con esas mujeres (limpiadoras) que tanto me apoyaron”, dice Joya. “Siempre que me miran me dicen: “No se olvide de mí”.

Fueron también esas compañeras de limpieza las que al inicio cuidaron a sus hijos cuando estaban pequeños. “Mi mamá ya era una anciana que necesitaba cuido. Mi hermana estaba en otra casa y entonces no tenía con quién dejar a mis hijos”, dice Joya, quien llevaba a los niños al hospital mientras ella trabajaba.

El Hospital Alemán Nicaragüense ha sido la casa de Guadalupe Joya desde hace más de dos décadas. Hace dos años, cuando hizo su preinternado, trabajaba como médico. Sin embargo para poder ganar dinero, por las noches se ponía el traje de enfermera. En el hospital dormía, se bañaba y recibía la visita de sus hijos.

“Es un ejemplo digno de honor”, dijo el doctor Humberto Flores, jefe de Cirugía del Hospital Alemán Nicaragüense, en una nota televisiva que hizo Canal 2, el 8 de marzo.

“Para mí la falta de dinero no es ningún impedimento para dejar de estudiar. Yo ni siquiera tenía casa y así saqué dos carreras”, dice Joya.

Guadalupe Joya es el único médico del hospital que no requiere la ayuda de una enfermera para atender a sus pacientes. Disfruta hacer los dos trabajos. Aunque ahora la llamen “Doctora Joya”, siente que es la misma que cuidaba por las noches a los enfermos, la misma que inició barriendo estos pasillos.

 

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