Gobernador de Texas logra castigo para “ciudades santuario”

EFE

54d6633df11205b6de8f6f5a3fe7f0f1El gobernador republicano del estado de Texas (EEUU), Gregory Wayne Abbott, consiguió su propósito de gobierno al ratificar una legislación que prohíbe las “ciudades santuario” en el estado y que también permitirá a las autoridades locales cuestionar el estatus migratorio de cualquier detenido.

Desde su llegada a la gobernación de Texas en 2015 Abbott tiene entre ceja y ceja promulgar una ley que prohíba las “ciudades santuario”, para castigar a quienes no colaboren con las autoridades migratorias y protejan a los indocumentados de la deportación.

Tras un primer fracaso en la Legislatura de hace dos años, que estaba precedido por otros intentos fallidos de su predecesor, el ahora secretario de Energía, Rick Perry, el mandatario texano consiguió por fin ratificar la ley SB4 que debe entrar en vigor a partir del próximo 1 de septiembre, tras la ratificación de Abbott hace ocho días.

La ley SB4, podría acarrear penas de cárcel para los sheriffs texanos que estén al cargo de las oficinas que no cooperen con el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE), entre otras medidas.

A pesar de haber recibido críticas a nivel nacional y estatal, dónde se espera que numerosas ciudades texanas demanden al propio estado por promulgar este proyecto de ley, el gobernador sureño siempre fue de cara con esta cuestión y la marcó como prioridad en su calendario legislativo.

Abbott, nacido en Wichita Falls, una ciudad al noroeste de Texas fronteriza con el estado de Oklahoma, llegó al poder de un estado que lleva 22 años teñido de rojo, después de que George Bush hijo, Rick Perry y él mismo hayan gobernado el segundo estado más grande de la nación durante más de dos décadas.

El primer gobernador de Texas en silla de ruedas intentó aprobar también una propuesta para subir las matrículas a estudiantes indocumentados en las universidades públicas y respalda leyes de identificación electoral, que según las organizaciones pro derechos civiles quieren limitar el acceso a las urnas de las minorías.

Así, ha tenido como bandera política su férrea oposición a la población indocumentada, reforzada también por sus repetidos intentos de proteger más la frontera sur con México, al igual que el presidente, el también republicano Donald Trump.

Además de su fuerte postura “antiinmigración”, el derecho a portar armas, la protección de la niñez, la obligación de tener un seguro médico y la oposición al “Obamacare” son otros componentes que configuran su mirada política.

Antes de que firmara el controversial proyecto de ley SB4, Abbott obtuvo en 2014 gran apoyo entre los votantes hispanos durante su carrera hacia la silla del gobernador, gracias en parte a un anuncio televisivo con su suegra latina, que dijo en español que el ahora mandatario “es alguien en quien usted puede confiar”.

 

Logró conseguir ese año el 44 % del voto hispano, algo que no había alcanzado un candidato republicano a la gobernación de Texas desde 1998.

Sin embargo, después de su confrontación con líderes de la comunidad hispana como la alguacil del condado de Travis, Sally Hernández, el congresista Rafael Anchía y el jefe de policía de Houston, Art Acevedo, el apoyo latino a su reelección, en 2018, se presenta complicado.

Hasta ahora, los demócratas texanos no han presentado un candidato que pueda plantar cara a Abbott, pero en un estado con la segunda población hispana más grande del país -11 millones- y dentro de un clima muy contrario a este amplio segmento de los habitantes de Texas, la gobernación podría dar un giro y devolver el azul a este estado sureño.

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