El drama del acoso callejero en Nicaragua

Monitoreo

Nacional

48a3251bc96780d7aea80395a497024eA Diana un hombre en moto le gritó: “Si nos gustamos y nos amamos, unámonos por donde orinamos”, mientras cruzaba la calle cerca de la rotonda El Güegüense en compañía de dos amigos.

A Fernanda un hombre que estaba sentado en la acera intentó meterle la mano debajo de su vestido. Y a Ana un sujeto le tocó sus genitales en la ruta 120, ella se bajó y quedó con la mirada perdida todo ese día.

Estas manifestaciones de acoso callejero, pese a que es la forma de violencia más común que viven las mujeres en los espacios públicos, es un tema poco explorado o conocido a nivel nacional.

El acoso callejero es entendido como aquellas prácticas que ocurren en espacios públicos, son ejercidas por un desconocido y tienen una connotación sexual explícita o implícita.

“El acoso callejero es una expresión de la violencia machista y es algo que viven cotidianamente las mujeres, solo vos y yo en una semana podemos haber recibido no sé cuántas expresiones de acoso en los diversos lugares en los que nos movilizamos, las mujeres cotidianamente no denuncian, pero sí están cansadas del acoso”, comentó Evelyn Flores Mayorga, del enlace nacional de la Red de Mujeres Contra la Violencia.

Mayorga señaló que los hombres piensan que a las mujeres les gustan sus manifestaciones de acoso, cuando en realidad lo que produce son lesiones psicológicas y muchas veces físicas.

Los espacios donde se produce el acoso callejero son: las calles y avenidas, los mercados, estaciones de buses, transporte público y cerca de construcciones, en ese orden, según se explica en el informe Acoso callejero en la ciudad: Aproximación descriptiva sobre el acoso callejero en el área urbana de Managua, elaborado por el Observatorio Contra el Acoso Callejero (OCAC) en el 2015.

En este se detalla que “los lugares en que las mujeres son más acosadas son aquellos espacios públicos que reúnen a gran cantidad de gente, lo cual propicia que los actos de acoso puedan pasar desapercibidos entre la multitud o que los acosadores se vuelvan difícilmente identificables”.

“Lo que pasa es que se ha naturalizado la violencia y hay pocas personas que intervienen, si habemos más personas, más deberíamos de decirle al acosados ¿Qué te pasa? ¿Por qué le estás diciendo eso a esa muchacha o a esa mujer? deberíamos de buscar como intervenir y no lo hacemos”, manifestó Mayorga.

La consultora en temas de violencia dijo que casi siempre los acosadores se manejan en grupos, y que cuando están solos las víctimas muchas veces los enfrentan.

“En eso se hace notar el abuso de poder que ejercen los hombres y lo hacen con la complicidad con otro machista”, comentó Mayorga.

La mayoría de las mujeres reaccionan de manera pasiva, ignorando o callando el evento sufrido. Sin embargo, cuando estas adquieren un rol más activo, lo más frecuente es que el acosador al ser afrontado se quede en silencio, se burle o se aleje, presenta el escrito.

Diana, por ejemplo, al momento de escuchar aquella frase soez sintió vergüenza, no por sus amigos que al escuchar al sujeto también quedaron sorprendidos, sino porque en el lugar había varios cambistas que se echaron a reír, aunque otros gritonearon al acosador.

Fernanda señaló que salió corriendo. “El tipo en realidad no me tocó porque reaccioné, pero el miedo no me lo quita nadie”, dijo Fernanda.

Ana, en cambio, recuerda que como llevaba la computadora en el bus no quiso decir ni hacer nada, y que entre lágrimas y miedo le comentó a su abuelita que se sentía violada.

Cambian hábitos

En el informe del OCAC se indicó que el 41 % de las víctimas modifica su vestimenta para evitar ser acosada.

Realidad: ¿Por qué las mujeres no denuncian el acoso?

El estudio se aplicó a 910 mujeres entre los 14 y 55 años que residen en Managua.

“Aquí ya no es que te vestís para vos misma, sino que te vestís para no recibir acoso, entonces estamos viendo cómo a las mujeres nos están limitando a vestirnos, cómo nos gusta y eso también es una expresión de violencia, de subordinación”, mencionó Mayorga.

Otro dato relevador del informe muestra que las mujeres se sienten más inseguras al sufrir cualquier tipo de acoso callejero antes que el miedo a sufrir un accidente o ser asaltadas.

Problema: Mujeres indefensas ante el acoso callejero

Sobre las sanciones contempladas en el Código Penal de la República de Nicaragua, la única que se pone en evidencia es la falta contra el orden y la tranquilidad pública en el artículo 540.

“Quien se muestre desnudo o exhiba sus órganos genitales en lugares públicos, será sancionado de diez a treinta días multa, o trabajo en beneficio de la comunidad de diez a treinta jornadas de dos horas diarias”, enuncia el artículo.

El 40 % de las encuestadas durante la realización del informe afirman haber vivido una experiencia fuerte, siendo exhibicionismo de genitales y manoseos las manifestaciones más sufridas.

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